"Un amigo en necesidad" (A Friend in Need), que forma parte de la famosa serie de 16 pinturas al óleo "Perros jugando al póker" creada por el artista estadounidense Cassius Marcellus Coolidge en 1903.
David Domínguez Espinal
La palabra litografía designa, en conjunto, a las técnicas de impresión que utilizan el rechazo mutuo de elementos por su inmiscibilidad y tensión superficial, principalmente entre agua y grasa, como la forma de fijar una imagen en una placa matriz e imprimirla múltiples veces en papel.
Etimológicamente litografía hace referencia a la piedra calcárea, litos – piedra, grafía – escribir, pero es más porque en ellas Alois Senefelder descubrió o inventó la técnica a finales del s. XVIII, alrededor de 1796, que porque estrictamente se haga en piedra. El hecho es que hay litografía en lámina de aluminio, poliéster, se hacía sobre zinc, vidrio e incluso se hace sin utilizar agua, como en la siligrafía que aprovecha la diferencia de tensión superficial del silicón y algunas tintas.
Pero la palabra litografía, fuera de ámbito técnico o académico, también tenía otros significados en el vocabulario de las generaciones mayores, baby boomers, X o anteriores: Se les llamaba ‘litografías’ a todas las reproducciones impresas de cuadros famosos, paisajes fotográficos, etcétera. Es todavía posible encontrar en las salas, comedores o cuartos de casas mexicanas cuadros de La última cena de Leonardo Da Vinci u otros, La vendedora de alcatraces de Diego Rivera o algún paisaje de los Alpes suizos adornando las paredes entre santos, retratos, muebles y aparatos.
Este uso de la palabra litografía se hacía porque estas reproducciones, mucho más baratas que los óleos originales, se hacían en imprentas litográficas y, después hasta ahora todavía, en imprentas offset, que es un sistema derivado también de la técnica que estamos contando.
Pero este cuento no puede quedar ahí. Cuando apareció la litografía, revolucionó el mundo editorial porque es una técnica muy rápida para dibujar y hacer las matrices para imprimirlas. Una imprenta litográfica podía cubrir la producción mensual de un taller tipográfico en una semana y esta velocidad permitió que se utilizaran varias matrices a la vez en una imagen para ponerles color. De ahí derivó una palabra nueva: cromolitografía.
Las imprentas litográficas prosperaron haciendo reproducciones ‘cromolitográficas’ con el trabajo de técnicos especializados no solo en copiar las composiciones de los grandes pintores, como siempre se hizo en el grabado calcográfico y relieve, sino que eran capaces de copiar con más fidelidad las pinceladas, trazos e incluso los colores; llegando a acuñarse por su mérito la palabra oleolitografía. Podemos tener una idea de la importancia que tienen las ‘cromolitografías’ en la cultura de cualquier país, poniendo atención a que a estas coloridas reproducciones se les llamó ‘cromos’ al igual que ‘litografías´.
Quizá la popularización de la palabra ‘poster’ que se usa para referirse por igual a carteles publicitarios, afiches de cine y reproducciones de cuadros y fotografías; por su producción masiva a través de sistemas fotomecánicos (mediotono, duo-tono, tricromía, CMYK, etc.) en offset; y al reconocimiento de la litografía como técnica, se ha ido dejando de decirles ‘litografías’ o ‘cromos’ a estas estampas que nos han ayudado a tener en nuestras manos parte del conocimiento, arte popular u obras maestras de todos los tiempos.
Ahora que la mayoría de nuestra educación visual se desarrolla a través de las pantallas de televisores, ordenadores, tabletas y teléfonos inteligentes, vale la pena preguntarnos cuánto puede aportar a nuestras personas la reproducción de un dibujo, cuadro o fotografía que podamos tomar en nuestras manos y mirar detalladamente sin necesidad del internet o electricidad.